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¿Hijos o mascotas?

 Llevo tiempo dando vueltas a una posible entrada sobre el tema, es algo recurrente y, por lo que he visto, no solo es cuestión mía. Me lo recordó, por ejemplo, un tuit que leí a Gonzalo Silió Sáiz: ¿hijos o mascotas? (que ya no solo perros). Más recientemente ha escrito Vicente Huici en su blog: "Hijos (y perrijos". Incluso mientras andaba la entrada en el limbo de los borradores del blog se ha aprobado la ley de protección animal (noticia en Público, por ejemplo) y la ley vasca de protección de animales domésticos (reseña vía EITB). Así que en ocasiones las referencias de este post pueden parecer una revisión de hemeroteca. En todo caso, conste que todo vino por esos ratos en los que, como Rosa Ribas, por ejemplo, uno pone la antena en cafés o bares (¡qué lugares!).

Pilar Kaltzadak ere aipatu du auzia, Enpresabidea hedabide berriko sarrera batean. Parkeetan, txakurrak dira haurrak baino gehiago. Hedabide berean, beste ikuspegi bat: Maskoten industria gora doa. Gaiari buruzko kontu batzuk adierazteko unea dut, bada, sarrera blogaren zirroborroen artean denbora luzean izan eta gero.


En una primera charla, conversaban animadamente clienta y camarero. Decía ella que habían decidido, en pareja y de común acuerdo, no tener hijos y lo razonaba. Ahora bien; estaban decididos a tener un perro. Estaba de acuerdo el camarero que, por lo que sé, tiene un par de chuchos (y diría que hijos no).  

En otra ocasión, había tres personas, comentando "cosas" de Benito y Rafael. Pero no se referían a personas (pongamos que hijos o nietos) sino que eran un perro y un gato, respectivamente. Dos amores... de bichos, según sus propietarios.

No hay dos sin tres. En un bar bastante ocupado, oía insistentemente "Isilik, mesedez" (o sea, calla por favor). Se lo decían a un perrito.

La cuarta, no es que la haya oído. Sé de quien lleva al perrito en un maxi-cosi.

Y es que, como decía al principio, aunque la entrada lleva tiempo en el horno de posts en cocción, parece que sigue de moda. El tema apareció en el programa de Mamen Mendizabal, "Encuentros inesperados". No lo vi, pero debió de decir la periodista que "es un cambio social; los hogares se están llenando de mascotas y no tanto de hijos", afirmación que no debió gustar mucho a una de las invitadas (creo que se trata de esa política cuyo perro tenía community manager, que, visto lo visto, parece que es un excelente modo de comenzar una exitosa carrera). En ese programa recordaron (y yo creo que algo leí también a Javier Vizcaíno) que el  Papa Francisco dijo que nos quita humanidad que el perro o el gato ocupan el puesto del hijo; eso nos quita humanidad. No sé qué diría sobre esa británica que se casó con su gato (leído en Deia).

Será que yo soy antropocentrista. Vale. Admito que tengan su parte positiva (noticia en Deia sobre la prevención de suicidios por los perros) pero no estoy (de momento, que nunca se sabe) por la labor de seguir esa costumbre tan extendida de tener mascota animal (tampoco tuve Tamagotchi). Estoy en contra del maltrato pero sin que se nos vaya la pinza, como celebrar el cumpleaños del perrito con sus "colegas" o que se hable de "perrijos" o que se piense en tatuar a las mascotas. Vamos, me parece más lógica la línea del veterinario Gonzalo Giner, que algo sabrá del tema digo yo, cuando afirma que hay que dejar de intentar humanizar a las mascotas (entrevista en Deia)

Y un toque de humor. Supongo que si los entrenan para competición, habrá quien tenga caracoles como mascotas, tal y como puede suceder en Trapagaran; la noticia apareció en EITB y yo me enteré, cómo no, por el "feliz día" de Aritz Agirre. Aunque, según leí allá por mayo a Mikel Agirregabiria, la mascota perfecta es... 


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